21 noviembre 2009

Otoño en que existo y nado

Continúo sumergida en el otoño como en un lago oleaginoso e inmóvil. Siento tentaciones de quedarme adormilada y quieta a la espera del invierno, de la primavera, del transcurso del tiempo, pero ya no es posible. En un medio denso como este, la realidad pegajosa se te abraza al cuerpo y pesa como el recuerdo de un mal sueño. Cada metro ganado a la atracción del fondo cuesta un mundo cuando se nada en aguas pesadas pero el premio es impagable, porque con cada brazada hacia adelante se van desprendiendo lentamente y una a una las capas de la piel muerta y con ellas la carga del simulacro en que acabamos convirtiendo la propia vida hasta llegar a la escueta esencia de uno mismo.

En mi caso es inútil. Donde debía estar la esencia de mí misma, en su incontestable y desnuda evidencia, no hay nada.
'Qué raro, tú busca que tiene que estar por ahí'- dice mi gata, que afirma tener perfectamente asumida su esencia de gata como gata que es.
Pero esta que suscribe es existencialista irredenta y encuentra esencias en pocos sitios. Las hay en las sábanas que envuelven el amor dormido, las hay en los abrazos de los amigos y en las palabras de las mentes lúcidas. También las hay en los sahumerios que algunas brujas preparamos contra el mal de invierno y contra el mal de amores. La tele dice que las hay en algunos frascos de perfume muy caros, pero estoy segura de que es mera propaganda navideña.

Lo que sé a ciencia cierta es que bajo mis capas de piel muerta no hay esencia última, no hay una verdad inmutable y con mayúsculas que lo explique todo y me dé una vida feliz de ahora en adelante, tampoco un tesoro ignoto por descubrir de esos que te cambian la vida como el euromillón o te llevan a Hollywood como a Pe.

Se da el caso de que algunos existencialistas somos gente contradictoria y no podemos evitar continuar la búsqueda de algún tipo de arcano conductor que lo vertebre todo y dote la vida de instantáneo y trascendental significado, un cabo perdido del hilo de Ariadna que atraviese subterráneo el laberinto de la existencia. Algún dios cotidiano, un código secreto por descifrar, algo que se nos pasó por alto. Todo por vagos, por ahorrarnos el trabajo de hacerlo nosotros mismos. O quizá por cobardes y apocados, porque no acabamos de creernos que podemos hacerlo nosotros mismos, que el sentido ha de ser construido por nosotros o no ser. que nuestro sentido no es un sucedáneo de segunda de El Sentido, sino que es el único posible, así, con minúscula.

Seguir nadando es despegarme el moho de la circunstancia, crear el movimiento que deja atrás la piel inerte, la ropa inútil, los objetos que me ocupan las manos y me distraen de los abrazos. Seguir nadando hasta no pesar, diluirme o salir volando.

19 noviembre 2009

Desahogo

Resumen del día de hoy:
Mañana intensa desde primera hora. Doscientas llamadas de teléfono, otros tantos mails, varios fuegos que apagar... Luego
mi jefe -el que iba para tiburón pero se quedó en merluzo- ha sufrido un ataque de paranoia aguda, ha entrado en pánico y me ha descargado la culpa de una supuesta catástrofe que no es más que una chorrada fruto de un malentendido entre él y otra persona. Pero da igual, me ha desautorizado y relegado. La persona en cuestión, que es mi interlocutora en uno de nuestros financiadores y una tía muy maja, ha alucinado con el tema y ha concluido que mi jefe El Merluzo está de lo suyo, que debería hacérselo mirar y que lo que se dice liderazgo no tiene mucho. Correcto, pero de momento a la que han jodido es a la muá. Cuando pienso en el día en que me vaya de esta empresa siento como un hormigueo en el codo derecho, señal de que el cuerpo me pide un buen corte de mangas.
Sobremesa de dentista. Indoloro, por suerte.
Mi dentista, que es un tío estupendo y sexy como él solo, no me hace ni p*t* caso. Snif. Claro, un tío que te conoce las miserias bucales no te da besos con lengua, ¿no?
Más tarde: Peregrinación por Madrid de punta a punta con Al para ******CENSURADO***** Esto no lo cuento, por si el interesado lo lee. El caso es que paliza de Metro parriba y pabajo sin éxito alguno. Por lo menos me he echado unas risas con Al, que es una cosa que nunca cansa y siempre sabe a poco.
Aún más tarde: Cañitas con I. y cumplimiento con las llamadas pendientes del día. Este es el resumen.
  • Mi fantasma ha tenido un día tranquilo y por eso sólo me ha llamado unas 8 veces.
  • Por fin he conseguido hablar con su médico y una cita para mantener una conversación en condiciones. El médico está como las maracas porque en lugar de ir al psiquiatra estudió Psiquiatría, y así está el hombre.
  • El padre de C. ha tenido un brote psicótico y está ingresado en la misma clínica que mi fantasma. C. no puede ni hablar del asunto, en lugar de voz le sale una llantina muy sospechosa.
  • El padre de A. ha tenido un infarto cerebral y está pero que muy malito. Tras dejar atendidos y cenados a su señora, sus 3 hijos y su madre, A. hace guardia en el hospital all night long.
  • A I. se le termina el contrato el 30 de noviembre y está tan hasta los webs de su jefe que no piensa renovar aunque se lo ofrezcan. ¡Con la que está cayendo! ¡Cómo estará de quemao!
  • S., a pesar de que simultanea 3 trabajos en horario de mañana, tarde y fines de semana respectivamente y que no tiene un día libre hace no sé cuántos meses, no tiene un duro y se queda en paro en breve.
  • A J. le he pasado el contacto de un abogado laboralista porque en su empresa se acaban de cepillar a Nmil y él va detrás. Ni una entrevista de trabajo en 12 meses.
  • F. sigue de lo suyo y de lo de su hija, que además de discapacidad intelectual ahora parece que tiene un trastorno de la personalidad.
  • La hija de M. se ha declarado anoréxica purgativa.
  • Y a mí se me ha roto una uña.
Qué movida. Y yo sin vocabulario.
Voy a cerrar la boca, meterme en la cama y mañana será otro día.

15 noviembre 2009

Soluciones revolucionarias


Bueno, lo del look está solucionado. El viernes volví a ese museo del kitsch y del horror vacui donde me perpetraron el corte a lo Bee Gees y mi antigua peluquera, a la que llamaremos Seso Vacuo Post-Adolescente, después de amasar frenéticamente durante un rato un chicle de fresa del tamaño de una patata consiguió, contra todo pronóstico, empeorar aún más la situación. 'Essh que si te corto mássh bla bla bla, essh que essh lo que me pedisshte, ¿mentiendesshh...?'. Qué crack. Una preocupándose por ser una persona medianamente equilibrada, medianamente inteligente, medianamente responsable... en fin, por aquello de que no te retiren el carnet de andar por la vida y resulta que hay gente que va por la vida sin carnet y sin despeinarse. Claro, es que es peluquera. (O no).
¿Tienen lxs peluquerxs colegios profesionales donde formular quejas y solicitar inhabilitaciones? En fin, como la queja y el victimismo nunca han solucionado nada, me dije al-lío-nena y me metí de cabeza en una peluquería desconocida que acaban de abrir junto a mi casa con la determinación y la libertad que te da el no tener ya nada más que perder y a la voz de ¿te-ves-capaz-de-arreglar-esto-dignamente,-forastera? Mi nueva peluquera, a la que llamaremos Muchas Tablas, desenfundando sus tijeras del 45 con inusitado casticismo, contestó siéntate-aquí-anda-que-vas-a-ver-lo-que-vale-un-buen-peine. Nos bastó una sola mirada para concluir que compartíamos una misma visión del mundo: Cuando parece que un problema no tiene solución, la única solución ha de ser revolucionaria o no será. Corta, pensé. Y ella cortó.
Ahora me veo cara de cría. O de crío, no sé. Como tengo el pelo rizado, parezco la Rizzo de Grease pero ya soy yo otra vez y me hago gracia de nuevo. La verdad es que con la cara despejada y poco pelo se piensa mejor, se tienen ideas más frescas, se tarda menos en ducharse por las mañanas y así puedo gastar esa colección de espumas, gominas y ceras de peinado que tengo a medias desde la última vez, que hay que ver lo que ocupan en el baño los jodíos botes. Qué queréis, hay que reforzarse.
Un problema menos.
Ya sé que esto no llegaba a la categoría de problema y que es cierto que tengo otros más importantes que cumplen de sobra los criterios de la categoría, pero no me dan tanto juego para echarme unas risas.
Ah, que esto es un blog para adelgazar... perdonad la digresión. Bueno, sí, a instancias y machacona insistencia de mi santo, que me ha recordado que si como bien me siento bien, tengo mejor ánimo, pierdo peso y le encuentro más gracia a la vida y a mí misma, ayer conseguí hacer una compra de mercado en condiciones: carne, pescado, fruta, verdura... pero según llegué a casa me monté un arroz con setas y almejas de toma pan y moja. Me temo que pa mi cuerpo se ha quedao. Se ha quedao entre el ombligo y las caderas, más concretamente.
En fin, esta semana cocino y controlo, que más me vale. Por mis gatos que sí.