03 noviembre 2009

La materia de la que está hecho el mundo

- 'Mi mujer es la mejor cocinera del mundo' - decía siempre Manuel.
- 'Es cierto' - asentía un amigo.
- '¡La mejor, sin duda!' - asentía otro.

- 'Mi mujer hace la mejor pepitoria que existe, no tiene comparación con nada. Y el caldero de arroz... ¡nunca se ha probado nada igual! Y cómo guisa la caza, lo que le traigas del monte lo convierte en un manjar. Faisanes, liebres, perdices, codornices... y no hablemos del choto o del cerdo, de las carrilladas al rabo, no hay cocinera en el mundo entero que le saque al animal más jugo que ella. ¿Y qué me decís del cocido de mi mujer?'

- '¡El mejor que hemos probado jamás, Manuel!'

- 'Si es que no hace falta ni que guise. ¿Cuándo habéis visto unos huevos fritos como los de mi mujer, que parecen bordados con puntillas fritas?'

Manuel se sentaba a la mesa cada día como quien entra en el paraíso con los ojos vendados y de la mano de su señora, con el ánimo dispuesto a recibir un día más la iluminación divina por la boca. Antonia colocaba la fuente en el centro de la mesa y servía en primer lugar el plato de su marido, sentado en la cabecera. Luego terminaba de servir a los amigos y familiares que solían acudir al olor de su cocina mientras Manuel repetía invariablemente el mismo rito. Primero alababa el aspecto y olor del condumio y lo publicitaba ante el respetable. 'Ved qué maravilla de... por ejemplo, faisanes, así mismo es como huele la gloria. ¡Mi Antonia es el Miguel Ángel de los fogones!' Al primer bocado caía en una especie de trance del que regresaba al momento con la expresión de quien ha vislumbrado el absoluto. Tomaba la mano de su mujer, sentada a su derecha, y la miraba rendido a la evidencia de que se trataba de un ser de otro mundo más evolucionado, capaz de transformar la piedra filosofal en croquetas de jamón serrano. 'Vida mía, este es el mejor (póngase aquí el menú del día, por ejemplo, conejo al pimentón) que nadie ha probado jamás. Esta es la materia de la que está hecho el Universo'.

Tras más de sesenta años juntos, las manos de Antonia se habían vuelto nudosas y retorcidas como varitas de avellano, lo que en ocasiones no le impedía quitarme de las mías la cuchara de madera y acercarse a la borboteante cazuela de barro. 'Deja, niña, que yo sé cómo le gusta a él'. Octogenaria, pequeña y encorvada sobre los fogones, aún era capaz de convertir una humilde palometa con tomate en alta cocina ibérica.

Para entonces, Manuel había recuperado la sonrisa inocente de la infancia y un estremecimiento asombrado ante la vida le agitaba incesantemente las
manos. Ella le desespinaba con mimo el pescado como había hecho antaño con sus tres hijas y le presentaba el plato limpio de cuidado y desperdicio. Él tomaba un tenedor tembloroso, probaba el primer bocado y volvía como antes a internarse en sí por un momento para tomarle luego la mano y mirarla a los ojos sonriendo como un crío. Ya no decía nada, supongo que no era necesario.

La primera noche que Antonia pasó en el hospital del que ya no volvería, Manuel se sentó torpemente a la mesa como cada día. Le acerqué el plato temerosa de no haber conseguido el correcto punto de sal, la textura perfecta de la maestra. Él notó mi inseguridad, probó el pescado y me tomó la mano sonriendo muy dulcemente. 'No te preocupes, niña, lo que me traigas me parecerá bien. Jamás he tenido paladar'.

Ageusia se llamaba su desgracia. Antonia su vida.


10.12.2008

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Me voy unos días de vacaciones. Portaos bien y alimentaos como es debido y os merecéis. Besossss...


31 octubre 2009

En estos días

En estos días no logro retener mi centro conmigo. La luz decae al mismo ritmo que lo hace mi ánimo y el cuerpo me pide hibernar cual osita parda. Sé que cada año trae su octubre y su noviembre y que el transcurso de las estaciones no tiene nada de dramático. El ciclo anual enseña a naturalizar la melancolía y a aceptar que los días oscuros son parte de la vida y su decurso. Después de tantas vueltas a esta rueda, todos sabemos que vendrán meses aún más cerrados, que después habrá otra primavera y otro verano y que volverán las oscuras golondrinas, etcétera. Así que esto no deja de ser una intrascendente tristeza pequeña y contenida dentro de una de las cajitas de mi armario interior.
Pero hay algo más, porque sabiendo todo eso no puedo evitar sentirme atravesada por la pérdida, por la sensación de que un tiempo cómodo y afectivo se me está acabando, por la impresión extraña de que en cualquier momento alguien va a dejar de abrazarme sin haber comenzado a hacerlo. Y como todas las sabinianas sabemos, no hay nostalgia peor.
En fin, esta noche voy a poner velas, como cada año. Voy a darme al rito y al silencio, a la ensoñación y la soledad buscada. Por lo demás, son días de gripe, película, sofá y mantita, o lo que es lo mismo, de osita parda de andar por casa.

Y sí, me voy a preparar un colacao calentito. Light.


27 octubre 2009

Qué manera de otoñar...

Qué días tan extraños, qué falta de concentración y qué manera de otoñar, queridxs míxs. No he vuelto a pesarme pero creo no haber engordado ni adelgazado especialmente. No he comido barbaridades, pero tampoco he conseguido mantener esa saludable distancia de la comida a la que aspiro humildemente. De mencionar es que he leído el libro de Jordi (cortesía del propio, ¡gracias!) y he concluido una cosa importante: NO VOLVERÉ A HACER DIETA NUNCA MÁS. Así es.
Ya explicaré esto más despacio y reseñaré el libro como dios manda otra tarde que esté más energética e inspirada.
En estos días todo anda revuelto como un par de huevos con tomate.
Mi fantasma ha brotado un poco, o sea, que anda rayada perdida y, en consecuencia, rayándome a mí. Mi santo está malito y no sabemos si es gripe A o faringitis Z. ¿No tenéis ganas de pasar la gripe A de una puñetera vez para poder dedicar nuestros miedos colectivos a otra cosa realmente importante como por ejemplo... que el año que viene estaremos en paro lxs que aún no lo estamos? Será porque en mi trabajo ya van dos compañerxs despedidxs y lxs que quedan. Sí, me quedan sólo un par de mesecitos a tiempo parcial para disfrutar de mi Gabi. Para digerir la noticia he necesitado algunas galletas de chocolate.
Y ya han cambiado la hora y la noche se hace norma. Y
cómo no entregarse así a la embestida ciega de las sombras... (*)
Ayns, me apetece algo dulce...
por qué será...


PD: Qué mal está la cosa. Hoy he cumplido dos años sin tabaco y ni me había dado cuenta. Con lo que me costó, cawenlaleshepuñetera...

(*) El Otoño
José Ángel Valente 1992

No amanece el cantor

Boreas. J.W. Waterhouse. 1902